Introducción: un giro tardío
En 2024, la inversión extranjera directa (IED) de China en la Unión Europea y el Reino Unido puso fin a siete años consecutivos de descenso, alcanzando los 10 000 millones de euros, un aumento interanual del 47%. Es la primera recuperación significativa desde 2016. En apariencia, esta cifra sigue siendo solo una quinta parte del pico de 2016, pero su significado direccional es mucho mayor que su escala: en un contexto de retroceso de la globalización y crecientes fricciones geopolíticas, el capital chino vuelve a considerar Europa un punto clave, y la estructura de la inversión ha cambiado radicalmente.
Para entender este giro, no basta con quedarse en la narrativa de "China ha vuelto". La lógica más profunda es que las empresas chinas están redefiniendo su relación con Europa mediante el capital: pasando de la búsqueda de mercados a la inserción manufacturera, de la adquisición de marcas a la construcción de plantas _greenfield_, y de los sectores tradicionales a las tecnologías verdes. Esto es a la vez un reflejo de la reconfiguración de las cadenas de suministro globales y un signo de que las relaciones económicas entre China y Europa entran en una nueva fase.
Por qué Europa vuelve a ser el foco: de la elusión comercial a la resiliencia de la cadena de suministro
La inversión global de China en el exterior también dejó de caer y se recuperó en 2024, con un total de aproximadamente 52 000 millones de euros, de los cuales Europa absorbió el 19,1%: la primera vez que su cuota aumenta significativamente desde 2018. En contraste, la inversión china en Estados Unidos siguió cayendo, con menos de 2 000 millones de euros en todo el año, apenas un 4% del total mundial.
Este desplazamiento del centro de gravedad geográfico no es casualidad. El bloqueo tecnológico y las barreras arancelarias de Estados Unidos contra China siguen intensificándose, lo que eleva relativamente el peso estratégico de Europa en el despliegue exterior de las empresas chinas. Pero el motor más profundo es el salto en la competitividad de las propias empresas chinas. En vehículos eléctricos, baterías, tecnologías limpias y otros campos, China ya no es un seguidor de bajo costo, sino un líder tecnológico. Cuando la competencia en el mercado interno se vuelve feroz y la utilización de la capacidad productiva está bajo presión, la inversión _greenfield_ en el extranjero se convierte en una opción racional para absorber capacidad, acercarse al mercado y evitar barreras comerciales.
Cabe señalar que el crecimiento de la inversión china en Europa en 2024 fue impulsado por dos motores: la inversión _greenfield_ creció por tercer año consecutivo hasta alcanzar un récord de 5900 millones de euros, el 59% de la inversión total; la inversión en fusiones y adquisiciones rebotó desde el mínimo de 2023 hasta los 4100 millones de euros, un aumento interanual del 114%. Grandes operaciones como la adquisición del desarrollador de juegos polaco Techland por parte de Tencent (1500 millones de euros) y la compra por Haier del negocio de refrigeración comercial de Carrier (716 millones de euros) muestran que el capital chino sigue profundizando su despliegue en la tecnología de consumo y la manufactura de alta gama.
El fenómeno húngaro: el ascenso de Europa central y oriental como nuevo puesto de avanzada manufacturero
El cambio más notable en el panorama geográfico de la inversión china en Europa en 2024 es que Hungría se convirtió por segundo año consecutivo en el mayor receptor, con 3100 millones de euros, el 31% del total de la inversión china en Europa. Mientras tanto, los tres destinos tradicionales —Reino Unido, Alemania y Francia— vieron su cuota combinada caer bruscamente al 20%, muy por debajo del promedio del 52% entre 2019 y 2023.El hecho de que Hungría se haya convertido en el foco de atención no es casualidad. Está situada en el centro de Europa, sus costes laborales son competitivos en comparación con los de Europa occidental y su gobierno ofrece políticas activas de incentivos para la cadena industrial del vehículo eléctrico. Más importante aún, Hungría se ha convertido en el centro de fabricación en Europa para las empresas chinas de baterías. En 2024, cuatro de los diez mayores proyectos de inversión china en Europa se ubicaron en Hungría, incluida la fábrica de baterías de CATL (1.600 millones de euros) y la fábrica de vehículos eléctricos de BYD (1.400 millones de euros). Estos proyectos no solo son de gran envergadura, sino que también marcan la transformación de la inversión china de la «entrada al mercado» a la «integración de capacidad productiva»: los fabricantes chinos están estableciendo activos operativos a largo plazo en el corazón de Europa.
Este desplazamiento regional también refleja un reequilibrio industrial dentro de Europa. Tras experimentar la desindustrialización, los países de Europa occidental han perdido atractivo para los grandes proyectos manufactureros; mientras tanto, los países de Europa central y oriental, gracias a sus ventajas de costes y flexibilidad normativa, se están convirtiendo en la nueva puerta de entrada del capital asiático a Europa. La llegada de capital chino ha acelerado objetivamente el desplazamiento hacia el este de la cadena industrial automotriz europea y ha reconfigurado la división del trabajo dentro de la UE.
Lógica geoeconómica de las tecnologías verdes y la cadena industrial del vehículo eléctrico
Las inversiones relacionadas con la automoción siguen siendo el principal componente absoluto de la inversión china en Europa, pues alcanzaron 5.200 millones de euros en 2024, un 57% más que el año anterior, y representaron más de la mitad del total de la inversión. Entre ellas, los proyectos greenfield relacionados con vehículos eléctricos representaron el 83% de la inversión greenfield china en Europa, una proporción que ha ido ascendiendo desde el 17% en 2021, lo que refleja el alto grado de concentración del capital chino en el ámbito de la transición energética.
Detrás de esta concentración hay una lógica industrial clara. El marco normativo de la UE que prohíbe la venta de vehículos de combustión a partir de 2035 genera una demanda segura y enorme de componentes para vehículos eléctricos; y China ya ha formado una ventaja de cadena de suministro completa en baterías, sistemas de propulsión eléctrica y control electrónico. Al establecer fábricas en Europa, las empresas chinas no solo pueden eludir los aranceles de importación y las barreras de cupos, sino también responder de forma más estrecha a las necesidades de aprovisionamiento local de los fabricantes de automóviles europeos. La fábrica de CATL en Hungría, la de Envision Power en Francia y el proyecto de fabricación de vehículos completos de BYD en Hungría son muestras de esta estrategia.
Sin embargo, esta estructura de inversión altamente dependiente de un único sector también oculta riesgos. En 2024, el valor de los proyectos de vehículos eléctricos recientemente anunciados por China disminuyó notablemente, y se cancelaron tres grandes proyectos de baterías. Esto nos indica que la aceptación europea de la inversión verde china no está exenta de límites: la resistencia política, la competencia por las subvenciones y las dudas sobre la transferencia de tecnología pueden convertirse en factores de incertidumbre para el desarrollo de los proyectos.
Juego político: la escalada del escrutinio europeo y las estrategias adaptativas del capital chino
La actitud de Europa hacia la inversión china está pasando de una «bienvenida» a una «aceptación condicionada». La puesta en marcha del Reglamento de la UE sobre subvenciones extranjeras (FSR) y el refuerzo generalizado de los mecanismos de revisión de inversión extranjera por parte de los Estados miembros hacen que los proyectos greenfield chinos enfrenten requisitos de cumplimiento más estrictos. La tendencia de 2024 muestra que Europa está ampliando el alcance del escrutinio de las fusiones y adquisiciones hacia la inversión greenfield, e incluso se está empezando a discutir el establecimiento de umbrales de inversión para sectores específicos.Mientras tanto, China también está endureciendo la supervisión de las salidas de capital y prestando cada vez más atención al riesgo de fuga de tecnología nuclear. Esta restricción bidireccional hace que la inversión china en Europa ya no sea una simple exportación de capital, sino un complejo juego de políticas. Las empresas necesitan encontrar un equilibrio entre el acceso al mercado europeo y la seguridad tecnológica nacional, lo que se refleja en la estructura de las transacciones: una mayor preferencia por empresas conjuntas y licencias tecnológicas en lugar de adquisiciones totales, así como un mayor énfasis en la construcción de fábricas en lugar de la transferencia de centros de I+D.
Cabe señalar que, a pesar de la creciente fricción, la escala absoluta de la inversión china en Europa sigue siendo relativamente limitada. El stock de inversiones chinas relacionadas con vehículos eléctricos es insignificante en comparación con el stock total de IED de la UE, el stock de inversiones de la UE en China y el volumen del comercio entre Europa y China. Esto demuestra que la "presencia" del capital chino en Europa no se corresponde con su influencia comercial; todavía hay margen de crecimiento en el futuro, pero la trayectoria de crecimiento dependerá más de la confianza política mutua y de los acuerdos institucionales.
Perspectivas futuras: rebote a corto plazo y desafíos estructurales a largo plazo
Es muy probable que la inversión china en Europa mantenga su resiliencia en 2025. La posible finalización de grandes adquisiciones y el inicio de las obras de al menos dos nuevas plantas de baterías podrían impulsar un mayor crecimiento del volumen de inversión. Sin embargo, a largo plazo, los desafíos no deben subestimarse.
En primer lugar, el impulso de la inversión en vehículos eléctricos se está desacelerando. La fuerte reducción de nuevos proyectos anunciados y las cancelaciones de proyectos indican que los inversores chinos están reevaluando la incertidumbre del entorno político europeo. Si otros sectores no llenan el vacío, la inversión en Europa podría volver a caer. En segundo lugar, las tendencias proteccionistas dentro de Europa y los efectos indirectos de las restricciones tecnológicas de Estados Unidos contra China seguirán elevando los costos institucionales para la entrada de capital chino en Europa. Por último, la reestructuración económica interna de China y los controles de capital también limitarán la elasticidad de la escala de la inversión en el exterior.
Desde una perspectiva más macro, el rebote de 2024 podría ser un punto de inflexión: la inversión china en Europa está pasando de una "expansión exploratoria" a una fase de "consolidación estratégica". El ascenso de países de Europa Central y Oriental como Hungría, la posición central de las tecnologías verdes y el papel dominante de los proyectos greenfield apuntan a que la futura forma de los vínculos de capital industrial entre China y Europa será más regional y más orientada a la tecnología. Esta conexión no es ni un arbitraje a corto plazo ni una dependencia unidireccional, sino una relación simbiótica compleja forjada en la reestructuración de las cadenas industriales globales.
Para los responsables políticos y los inversores, la verdadera cuestión no es obsesionarse con los altibajos del volumen de inversión, sino cómo transformar los intereses industriales interdependientes en un marco de cooperación institucionalizada en un mundo más incierto. Si el capital chino puede encontrar un punto de apoyo sostenible en Europa dependerá de si ambas partes pueden superar la ansiedad geopolítica y volver a la esencia de la tecnología y la demanda del mercado.