De la «atracción de inversiones por proyectos» a la «dinamización de clústeres»: la nueva lógica de la competencia global por el capital

Bajo el marco tradicional de la inversión extranjera directa (IED), el capital persigue bajos costos de factores, tamaño de mercado y facilidades comerciales. Pero en los últimos diez años, la reubicación de la manufactura global, la exposición de riesgos en las cadenas de suministro y la fragmentación geopolítica están modificando la función de localización de las empresas multinacionales. Estudios del Banco Mundial y de la UNCTAD señalan que el capital tiende cada vez más a fluir hacia regiones con ecosistemas completos, es decir, unidades geográficas donde los eslabones aguas arriba y aguas abajo de una industria específica, la infraestructura, los servicios especializados y el apoyo institucional están altamente coordinados entre sí.

Los clústeres industriales regionales se han convertido en el ancla central del despliegue de la inversión transnacional. El modelo tradicional de inversión en una única fábrica está siendo reemplazado por la «inversión en complejos», que instala de manera conjunta centros de I+D, sedes de cadena de suministro, campamentos de formación de talento y servicios auxiliares de apoyo. En este contexto, la competitividad regional ya no depende de una política de subsidios concreta ni de un puerto franco, sino de la profundidad de coordinación del propio clúster. Arabia Saudita está intentando moldear activamente esta ventaja de clúster utilizando la financiación del desarrollo como herramienta; su trayectoria merece ser reexaminada por los investigadores de la inversión global.

El caso saudita: cómo se inserta la financiación del desarrollo en la «Visión 2030»

La transformación económica de Arabia Saudita se desarrolla en un ciclo de revalorización mundial del capital energético. La «Visión 2030» ofrece un gran marco para que una economía nacional transite de la dependencia de los recursos a la producción diversificada. En esta enorme transición estructural, las asignaciones fiscales únicas o las preferencias a la inversión extranjera ya no bastan para sostener el crecimiento simultáneo de decenas de sectores. La innovación saudita consiste en tratar el sistema de financiación del desarrollo como el «sistema operativo» de la toma de decisiones económicas, y no simplemente como una fuente de capital.

Bajo la arquitectura del Fondo Nacional de Desarrollo (National Development Fund) de Arabia Saudita, se han establecido fondos especializados correspondientes a diferentes prioridades sectoriales. Este diseño de «paraguas + fondos especiales» constituye, en gran medida, una fusión pragmática del modelo de Temasek de Singapur, del modelo del Banco de Desarrollo de Corea y del modelo de banca industrial nacional. Su objetivo es que los fondos de política pública se inserten en las cadenas productivas incipientes como una incubadora, asumiendo los riesgos que el mercado no está dispuesto a tomar y atrayendo así capital institucional y empresas multinacionales de todo el mundo hacia clústeres geográficos concretos.

Tomemos como ejemplo el sector cafetalero. Arabia Saudita no es solo un gigante tradicional del petróleo; sus regiones suroccidentales de Jazan y Al-Baha poseen un microclima único para el cultivo de café. Para convertir este recurso potencial en un producto con competitividad global se necesita una serie de capacidades: riego e infraestructura hidráulica, instalaciones de selección y procesamiento, logística de cadena de frío, mercadotecnia de marca y certificación de exportación. Difícilmente una única empresa privada pueda reunir y completar todos estos eslabones en la fase inicial. Aquí, la financiación del desarrollo se convierte en un «coordinador sistémico» clave: no solo proporciona préstamos de largo plazo a bajo interés, sino que actúa más bien como un organizador de la infraestructura productiva.

Esta forma de catalizar clústeres mediante instituciones financieras de desarrollo refleja el nuevo significado contemporáneo de las finanzas del desarrollo: ya no se trata de una simple transferencia de fondos de política pública, sino de un «capital catalítico» que habilita redes productivas territoriales.## ¿Por qué clústeres? ¿Por qué financiación para el desarrollo?

La sabiduría convencional de la economía de clústeres es que la concentración espacial de industrias similares reduce las fricciones, mejora la calidad de la movilidad laboral y amplía los desbordamientos de conocimiento. Sin embargo, el nacimiento de un clúster no es espontáneo; a menudo requiere un largo proceso de prueba y error. El desafío que enfrenta Arabia Saudita es particularmente directo: su base industrial es relativamente delgada, el clima no es favorable para la agricultura, y el capital privado está acostumbrado a inversiones inmobiliarias y comerciales de rotación rápida, mientras que existe una brecha significativa en la inversión a largo plazo orientada a clústeres productivos.

El valor de la financiación para el desarrollo radica en corregir este fallo de mercado. Los clústeres en sus primeras etapas suelen caracterizarse por alto riesgo, ciclos largos y evidentes desbordamientos de bienes públicos. Un inversor privado individual no puede poseer los activos completos de la infraestructura aguas arriba de la cadena de suministro del café, y mucho menos convertir el valor de marca de las regiones productoras de café locales en beneficios privados. La financiación para el desarrollo, como capital público, puede tolerar períodos de inversión más largos y retornos más bajos, desempeñando así un papel de suavización intertemporal.

Además, las instituciones financieras de desarrollo también cumplen una función de «señalización». Cuando el fondo nacional de desarrollo anuncia su apoyo a un clúster regional, transmite al mercado una señal alineada con la estrategia nacional, lo que lleva a los proveedores transnacionales, compradores de tecnología y prestadores de servicios de exportación a reevaluar la relación riesgo-retorno de sus inversiones. Desde la perspectiva de los flujos de capital, Arabia Saudita está convirtiendo su ventaja de crédito soberano en una plataforma de co-creación industrial en la que el sector privado puede participar.

Vínculos con el Sur Global y la reconfiguración de las cadenas de suministro

Este tipo de intento de Arabia Saudita no es un caso aislado. Desde la pandemia de COVID-19 y las fricciones comerciales entre China y Estados Unidos, muchas economías han estado reflexionando sobre su dependencia excesiva de las cadenas de suministro externas. Vietnam e Indonesia en el sudeste asiático, así como México y Brasil en América Latina, están atrayendo capital transnacional con sus respectivas políticas industriales para construir centros de suministro a nivel regional. Al mismo tiempo, el aumento del costo del capital ha hecho que la inversión puramente comercial sea más sensible a la incertidumbre, lo que resalta el carácter «contracíclico» de las instituciones financieras de desarrollo.

Es especialmente notable que la financiación para el desarrollo está teniendo un impacto cada vez más visible en los cambios estructurales dentro del «Sur Global». Los países del Golfo ya no son solo exportadores netos de capital a través de fondos soberanos; también, con la ayuda de plataformas de financiación para el desarrollo locales e internacionales, están canalizando capital hacia cadenas de valor agrícolas, logística portuaria e infraestructura digital en África y el sur de Asia. El flujo de capital ya no es simplemente un movimiento unidireccional de las economías desarrolladas hacia los mercados emergentes, sino que comienza a configurar una red de inversión Sur-Sur que se extiende entre los países del Sur. En este proceso, los clústeres regionales se convierten en nodos de estas redes.

Desde una perspectiva más macro, las finanzas para el desarrollo también están redefiniendo la relación entre el Estado y el mercado. La financiación para el desarrollo eficiente no desplaza a la economía privada, sino que, al llenar las brechas institucionales, ayuda al mercado a desarrollar cadenas industriales más largas y una mayor capacidad de inversión autónoma. Esto exige que los formuladores de políticas posean criterio industrial, capacidad de gestión de proyectos y conciencia del riesgo, en lugar de limitarse a inyectar fondos en proyectos emblemáticos.

La competitividad regional y el retorno del EstadoEl clúster del café saudí es un microcosmos, pero la lógica de financiación del desarrollo que hay detrás refleja la remodelación de la lógica de la competitividad regional global: el poder estatal está volviendo al mapa económico de manera sistemática y financiarizada. Las tres últimas décadas se consideraron la era de la privatización integral y del Estado mínimo que preconizaba el Consenso de Washington, mientras que la realidad actual es que la asignación estratégica de capital se ha convertido en un componente esencial de la competitividad nacional.

Este cambio también afecta al comportamiento de las empresas multinacionales a la hora de elegir ubicación. Cuando una empresa internacional evalúa un lugar de inversión, ya no se fija únicamente en el coste de la mano de obra o en el tipo impositivo, sino que valora cada vez más el sistema de apoyo institucional que se ha formado en torno a ese lugar: ¿hay oferta de mano de obra cualificada? ¿Existe un socio financiero que pueda resolver de manera complementaria los costes iniciales? ¿Está el gobierno elaborando políticas de apoyo conforme a una lógica industrial y no a una lógica de proyectos puntuales?

En este nuevo marco, la competencia entre las economías desarrolladas y los mercados emergentes ya no se articula en torno a un factor aislado. La verdadera competencia se ha elevado a la infraestructura que, en su conjunto, apoya y organiza el crecimiento económico. Y la financiación del desarrollo es, precisamente, el medio clave para construir esa infraestructura.

Tendencias futuras: la dirección estructural que se observa en el caso saudí

Extrapolando el caso particular al plano global, el espacio de posibilidades para que la financiación del desarrollo impulse los clústeres regionales durante la próxima década es muy amplio. Los clústeres de nuevos materiales, de equipos de energía renovable y de almacenamiento de energía impulsados por la transición energética; los corredores de innovación impulsados por la IA, los semiconductores y la biotecnología; y los cinturones de agricultura inteligente impulsados por los objetivos de seguridad alimentaria—todas estas industrias se convertirán en puntos de intervención de las instituciones de financiación del desarrollo. Las regiones, por su parte, serán reubicadas en el papel de intermediarias políticas de base: el núcleo no es la frontera administrativa, sino la frontera de la sinergia industrial.

Pero la financiación del desarrollo no está exenta de riesgos. El exceso de subsidios que genera sobrecapacidad, la gobernanza opaca que conduce a una asignación errónea de los fondos y la rigidez institucional que obstaculiza la innovación tecnológica son peligros que ya han aflorado en el pasado en los bancos de desarrollo de diversos países. El éxito o el fracaso del caso saudí dependerá de si sus instituciones de financiación del desarrollo son capaces de mantener un mecanismo de salida: una vez que el clúster industrial se vuelve autosostenible, deben ceder gradualmente el paso a la financiación basada en el mercado, en lugar de, por instinto, mantener durante largo tiempo su presencia en el mercado.

Al menos por ahora, la financiación del desarrollo ha vuelto a ocupar el centro del debate sobre la competitividad industrial mundial. Su influencia sobre los flujos de capital es similar a la que las rutas de navegación ejercen sobre los puertos: no determina directamente el contenido del comercio, pero sí decide si los barcos pueden atracar y si las mercancías pueden circular de manera eficiente. Cuando los responsables políticos de las distintas economías empiecen a planificar la financiación del desarrollo del mismo modo que planifican los puertos, el panorama de la competencia regional de los clústeres económicos entrará en una nueva fase de evolución.

Fuente de referencia: World Economic Forum, "Development finance is key to boosting economic clusters – and regional competitiveness. Here's why" (https://www.weforum.org/stories/financial-and-monetary-systems/saudi-arabia-development-finance-coffee-cluster-competitiveness)