En la actual coyuntura de profundo reajuste de la economía mundial, la competencia entre países y regiones ha pasado de una mera ventaja de costos a una confrontación integral que combina la capacidad de integración de cadenas industriales y el ecosistema de innovación. Cómo utilizar instrumentos de política para movilizar capital privado y fomentar clústeres económicos con competitividad internacional se ha convertido en un tema central de las agendas de desarrollo de todos los países. La financiación del desarrollo (Development Finance), como una forma especial de capital situada entre el gobierno y el mercado, está mostrando cada vez más su papel catalizador único.
Clústeres económicos: los fundamentos teóricos de los efectos de aglomeración y la competitividad regional
Las «economías de aglomeración» (Economies of Agglomeration) fueron formuladas por primera vez por Alfred Marshall, y se refieren a que la concentración geográfica de actividades económicas similares puede elevar la productividad. Cuando una región despliega su estructura industrial en torno a sus ventajas comparativas, no solo la industria principal obtiene economías de escala, sino que también se generan servicios complementarios, oferta tecnológica y un mercado laboral especializado, formando así un ciclo de crecimiento autorreforzado. Basándose en esta lógica, los clústeres económicos se consideran un importante vehículo para atraer inversiones, promover la innovación y reforzar la resiliencia regional.
Sin embargo, la formación de clústeres no es un proceso espontáneo. Especialmente en regiones con infraestructura débil y sistemas financieros aún imperfectos, la gran inversión inicial y el alto riesgo suelen disuadir al sector privado. En este momento, las instituciones financieras de desarrollo (DFI), de carácter público, se convierten en el actor clave para llenar el «vacío de mercado».
La práctica de Arabia Saudita: cómo la financiación del desarrollo activa el clúster del café
El Fondo Nacional de Desarrollo (NDF) de Arabia Saudita es una organización paraguas que coordina 12 fondos y bancos especializados, cuya misión es maximizar el impacto socioeconómico de los fondos públicos mediante la «financiación coordinada del desarrollo». En 2024, el Fondo de Desarrollo Agrícola, dependiente del NDF, proporcionó financiación por un total de 49,1 millones de riales saudíes (aproximadamente 13,09 millones de dólares) para las fases de producción, procesamiento y comercialización del café, un aumento del 54% respecto al año anterior. Este capital no fue una subvención única, sino que buscaba apalancar la participación de capital en toda la cadena industrial.
El sector cafetalero de Arabia Saudita se concentra en la provincia de Jazán, en el suroeste del país, donde hay más de 2.500 fincas cafetaleras y 400.000 árboles de café, que producen más de 800 toneladas de granos de café de alta calidad al año. Con el apoyo de fondos públicos, esta agricultura tradicional está dando un salto hacia un clúster industrial de alto valor agregado. El objetivo del NDF es elevar el número de árboles de café en todo el país a 1,2 millones para 2026, centrándose en expandir las regiones productoras del suroeste y, mediante la mejora de la calidad del producto y la certificación de marcas, llevar el café saudí a los mercados globales de alta gama.
La lección de este caso es que la financiación del desarrollo no «sustituye» directamente a la industria, sino que, mediante la identificación precisa de las ventajas comparativas regionales (el clima agrícola de Jazán), el establecimiento de mecanismos de distribución de riesgos y la atracción de capital privado para participar conjuntamente, activa toda la cadena que va desde la siembra, el procesamiento hasta la exportación. Este modelo de «orientación gubernamental y operación de mercado» permite que actividades agrícolas fragmentadas se agreguen en un clúster económico con competitividad internacional.
Del café al hidrógeno: la estrategia diversificada de la financiación del desarrolloEl alcance del Fondo Nacional de Desarrollo de Arabia Saudita va mucho más allá de la agricultura. En la ciudad futurista de NEOM, el NDF, en coordinación con su Fondo de Desarrollo Industrial Saudí y el Fondo Nacional de Infraestructura, junto con bancos comerciales nacionales y extranjeros, proporcionó financiamiento por más de 10.300 millones de riales (aproximadamente 2.700 millones de dólares) para una planta de hidrógeno verde. Este es un ejemplo típico de cómo las finanzas de desarrollo impulsan las industrias estratégicas emergentes.
Aún más destacable es su estrategia de cobertura regional: desde el turismo en la provincia de Asir hasta la industria del aceite de oliva en la provincia de Al-Jawf, pasando por inversiones diferenciadas en las 13 provincias del país, el NDF está integrando las finanzas de desarrollo en la transformación económica diversificada de la Visión 2030 de Arabia Saudita. Sus instituciones afiliadas, como el Banco de las Pymes y el Banco de Exportación e Importación de Arabia Saudita, eliminan obstáculos para que las empresas privadas participen en el mercado global desde perspectivas como el apoyo crediticio y la garantía del riesgo de exportación.
Este esquema de coordinación institucionalizada permite que las finanzas de desarrollo respondan rápidamente a las prioridades nacionales, evitando al mismo tiempo la superposición y la fragmentación. Al fijar objetivos sectoriales claros y grupos de beneficiarios, el NDF no solo mejora la eficiencia de la asignación de capital, sino que también transmite señales políticas estables al sector privado, orientando así más fondos de mercado hacia los sectores emergentes.El papel de las finanzas para el desarrollo está experimentando una transformación fundamental. Los modelos tradicionales de "subsidio" o "préstamo" están dando paso a un modelo de "inversión" que enfatiza los retornos de mercado y el efecto catalizador. La práctica del NDF saudita demuestra que el objetivo final de las finanzas para el desarrollo es "ayudar a montar a caballo y acompañar un trecho", es decir, cultivar la industria hasta que tenga capacidad de autosostenibilidad comercial y luego dejar que el mecanismo de mercado tome el relevo. Esta transformación de paradigma exige que las DFI sean más profesionales y transparentes en la selección de proyectos, la gestión de riesgos y la evaluación del desempeño.
Desde la perspectiva de los flujos de capital globales, la actividad de las finanzas para el desarrollo también presagia una nueva tendencia: el capital estatal está pasando de la "participación pasiva" a la "configuración activa" del panorama industrial. Esto es tanto una corrección de las fallas del mercado como una manifestación del renacimiento de la política industrial en el contexto de la competencia entre grandes potencias. Para las agencias de atracción de inversiones y los tomadores de decisiones de inversión, prestar atención a la dirección de los flujos de las finanzas para el desarrollo equivale a prestar atención a la distribución espacial de la infraestructura futura, los clústeres industriales y las redes comerciales.