Una variable de localización subestimada
Al discutir la competitividad exportadora de los mercados emergentes, los puntos de entrada habituales son el tipo de cambio, los aranceles, los costos laborales y la infraestructura logística. Pero una evidencia empírica cada vez mayor apunta a una variable más difícil de cuantificar, aunque más decisiva: la madurez de la gobernanza de los clústeres. No es un adjetivo de los folletos de promoción de inversiones, sino el mecanismo subyacente que determina si las políticas pueden trascender los ciclos políticos, si las empresas pueden formar acción colectiva y si la curva exportadora puede sostenerse.
Un estudio comparativo sobre clústeres agroindustriales en Ecuador ofrece una muestra observable. Los investigadores construyeron el Índice de Desarrollo y Madurez de Gobernanza de Clústeres (CDGMI), que incorpora estructuras de gobernanza, arreglos institucionales y madurez organizativa en un mismo marco analítico, y lo cruzaron con la tasa de crecimiento anual compuesta (CAGR) de las exportaciones de cada clúster. La conclusión, aunque no sorprendente, resulta bastante aleccionadora para los responsables de políticas: los clústeres con distinta madurez de gobernanza muestran diferencias sistemáticas en sus trayectorias exportadoras.
El estudio empleó un diseño de métodos mixtos: cuantificó la dinámica exportadora mediante la tasa de crecimiento anual compuesta, caracterizó las estructuras de gobernanza mediante una evaluación cualitativa de marcos de política y arreglos institucionales, y construyó perfiles comparables entre clústeres con criterios normalizados. Este método, en sí mismo, es un intento de convertir el "desarrollo de clústeres" de consigna política en un estado rastreable.
Un clúster no es un parque industrial
En el lenguaje de las políticas, el "clúster" suele reducirse a aglomeración geográfica: colocar empresas en un mismo parque, con carreteras, electricidad y ventanillas aduaneras. La definición original al estilo Porter es mucho más estricta: un clúster es un sistema de empresas interconectadas, proveedores especializados, prestadores de servicios e instituciones relacionadas (universidades, gremios, organismos de normalización, centros de formación) ubicados en proximidad geográfica. Su fuente de competitividad no es compartir suelo, sino los derrames de conocimiento, la reducción de costos de transacción y la capacidad de acción colectiva.
Esto también explica una duda persistente en la literatura: es posible que los clústeres sean un resultado de la competitividad, y no su causa. Con frecuencia, el tamaño de mercado existente, la especialización productiva, la infraestructura y la capacidad empresarial preceden a las políticas de clústeres. Las iniciativas gubernamentales de clústeres no generan automáticamente resultados competitivos, sobre todo cuando falta una participación profunda del sector privado. En América Latina, las diferencias en capacidad institucional, calidad de la gobernanza, capacidades tecnológicas y acceso al financiamiento hacen que políticas similares tengan efectos muy desiguales entre países.
El punto de partida estructural de Ecuador
Para entender la política de clústeres de Ecuador, primero hay que entender su estructura empresarial. Las pymes representan alrededor del 94% del total de empresas del país; esta proporción implica que las economías de escala difícilmente puedan lograrse dentro de una sola empresa, por lo que la carga del escalamiento exportador recae naturalmente en la colaboración entre empresas y la integración en cadenas de valor.
En 2021, Ecuador puso en marcha una estrategia nacional de clústeres, con un giro del apoyo a empresas individuales hacia una perspectiva sistémica, que enfatiza la acción coordinada entre empresas, instituciones académicas y el sector público. Hasta el periodo cubierto por el estudio, se identificaron alrededor de 20 iniciativas de clústeres en todo el país, de las cuales 7 clústeres agroindustriales fueron incluidos en un análisis en profundidad por tener la mayor orientación exportadora y la mayor comparabilidad de información.Desde la perspectiva del entorno de inversión, Ecuador tiene otras dos características que los inversores externos suelen pasar por alto: la dolarización de la economía elimina el riesgo de conversión cambiaria, y los sistemas portuarios de Guayaquil, Posorja y Manta constituyen una salida logística orientada al Pacífico. Estas condiciones no se traducen automáticamente en competitividad, pero reducen el umbral de inicio para las exportaciones organizadas.
La divergencia en las curvas de exportación
Los datos muestran una clara estructura de doble carril. Las iniciativas de clústeres establecidas más tarde, como arroz, lácteos y carne de res, superaron una tasa de crecimiento anual compuesta de las exportaciones del 40%; los clústeres más maduros, como banano y silvicultura, mostraron trayectorias más estables y con menor volatilidad.
Leer el 40% simplemente como “éxito” es peligroso. El crecimiento acelerado sobre una base baja y la expansión estable de clústeres maduros sobre un gran stock son dos fenómenos económicos completamente distintos. El primero refleja la apertura de canales comerciales gracias a la organización —agricultores y transformadores antes dispersos entran por primera vez al mercado externo con estándares unificados y capacidad de negociación unificada—; el segundo refleja el mantenimiento de una competitividad ya existente, cuyo desafío no está en la tasa de crecimiento, sino en el aumento del valor agregado y la absorción de costos de cumplimiento.
Lo que realmente merece atención no es la tasa de crecimiento en sí, sino su sostenibilidad. Y la sostenibilidad es, precisamente, una función de la madurez de la gobernanza.
Cómo se mide la madurez de la gobernanza
La lógica de construcción del CDGMI merece ser tomada como referencia por los departamentos de política: incorpora dimensiones como el grado de institucionalización, la continuidad de las políticas, los mecanismos de colaboración público-privada y la capacidad institucional en un marco comparable, y las combina con estándares de normalización para formar un perfil entre clústeres. Sobre esta base, el estudio identifica distintas trayectorias de desarrollo de los clústeres: algunos con alta madurez de gobernanza y un crecimiento moderado de las exportaciones, otros con gobernanza aún en formación pero gran dinamismo exportador, y también casos en los que tanto la gobernanza como las exportaciones son débiles.
El valor de este método de clasificación reside en su capacidad de diagnóstico. No responde a “qué clúster es mejor”, sino a “en qué eslabón se atasca este clúster”: si es la falta de un órgano de coordinación permanente, si es la interrupción de las políticas según el ciclo, si es una participación insuficiente del sector privado o si falta en la cadena de valor un proveedor clave de servicios. Para las agencias de promoción de inversiones y los operadores de parques industriales, esto tiene más valor operativo que un ranking de tasas de crecimiento.
La presión de cumplimiento global le está poniendo precio a la “organización”
Si en el pasado la gobernanza de los clústeres afectaba principalmente la eficiencia, bajo las nuevas reglas comerciales empieza a afectar directamente el acceso al mercado.
El Reglamento de la Unión Europea sobre deforestación (EUDR) exige trazabilidad a nivel de parcela para productos como café, cacao, carne de res, soja, aceite de palma, caucho y madera. Para el cacao y el sector forestal de Ecuador, esto no es un tema de marketing, sino un tema de capacidad sistémica: quien logre organizar la información geográfica a nivel de agricultor, los registros de producción y los documentos de la cadena de suministro podrá permanecer en el mercado europeo.
En otras palabras, el sistema global de cumplimiento le está poniendo precio a la “organización”. La estructura dispersa de pequeños agricultores aún puede depender de intermediarios en el comercio tradicional, pero ante los requisitos de trazabilidad, las cadenas de valor que carecen de capacidad de acción colectiva quedarán sistemáticamente excluidas. La gobernanza de los clústeres pasa así de ser una herramienta de política industrial a ser una infraestructura de acceso a la exportación.La misma lógica se aplica a otras direcciones: los requisitos de diligencia debida en la cadena de suministro, las revisiones del extremo minorista sobre la huella de carbono y los estándares laborales, y el endurecimiento continuo de la seguridad alimentaria en los principales mercados están convirtiendo la capacidad de gobernanza en una barrera no arancelaria implícita. Para los compradores transnacionales, esto significa que los criterios de selección de proveedores deben ampliarse de “capacidad y precio” a “capacidad organizativa y de cumplimiento”.
Comparación regional: dos vías de organización es Si apartamos la mirada de Ecuador, América Latina y el Sudeste Asiático presentan dos vías distintas de organización.
La exportación agrícola peruana se apoya en la estrecha colaboración entre grandes empresas y asociaciones sectoriales, y ha formado capacidades a nivel nacional en admisión cuarentenaria y estándares de cadena de frío; la industria salmonera de Chile y el clúster de dispositivos médicos de Costa Rica muestran cómo las redes de proveedores especializados y la inserción de capital extranjero configuran conjuntamente polos de exportación de alto valor agregado. Por contraste, la vía de escalamiento de Vietnam en café y arroz depende más de la orientación de las políticas y de que la capacidad de procesamiento extranjera se desplace hacia niveles inferiores.
Lo que ambas vías tienen en común es que el éxito exportador rara vez lo consigue una sola empresa; lo sostiene un conjunto replicable de capacidades organizativas. La diferencia es que la primera depende más de la coordinación espontánea del sector privado, mientras que la segunda depende más del esfuerzo sostenido del Estado. El caso de Ecuador se sitúa entre ambas: la política de clústeres se inicia de arriba hacia abajo, y su éxito depende de si el impulso público puede convertirse en colaboración endógena del sector privado. Esta es precisamente la razón por la que el estudio hace hincapié en la continuidad de las políticas y la capacidad institucional: en entornos donde los ciclos políticos cambian con frecuencia, las iniciativas de clústeres son las que más fácilmente pierden impulso tras un cambio de gobierno.
Implicaciones para los inversores
Para los compradores transnacionales y los inversores en manufactura, la madurez de la gobernanza debería ser parte de la debida diligencia de la cadena de suministro. La debida diligencia tradicional se centra en la capacidad, los costos y la logística, mientras que el nuevo riesgo proviene de la capacidad organizativa: si el proveedor puede aportar documentos de cumplimiento, si puede adaptarse de manera coordinada ante choques climáticos y si puede mantener estable la entrega cuando cambian las políticas.
Para las agencias de atracción de inversiones y los operadores de parques industriales, las enseñanzas de este estudio son más operativas: el verdadero umbral de un clúster no está en la tierra ni en los incentivos fiscales, sino en el costo en tiempo de la construcción institucional. La continuidad de las políticas, la estabilidad de los organismos de coordinación sectorial y el grado de inserción de universidades y centros de investigación son elementos que no pueden crearse de la noche a la mañana con una sola campaña de atracción de inversiones, pero determinan si una región puede pasar de “tener industria” a “ser competitiva”.
Conclusión
El caso de Ecuador no ofrece una plantilla de éxito; ofrece un espejo. Cuando la gran mayoría de las empresas de una economía son pymes, la mejora de la competitividad no puede depender de unas pocas empresas campeonas. El sentido de la política de clústeres radica precisamente en transformar capacidades productivas dispersas en activos colectivos que pueden negociarse, cumplir la normativa y escalar.
La divergencia de las curvas de exportación es, en esencia, una divergencia de capacidades de gobernanza. Y en un entorno en el que las reglas del comercio global son cada vez más complejas y los costos de cumplimiento no dejan de aumentar, esa divergencia solo se hará más evidente. Para el capital, la próxima variable que merece atención quizá no sea la tasa de crecimiento de un país, sino si su clúster industrial puede mantener capacidad organizativa después de cambios de gobierno, aumentos de precios y cambios de reglas.