Introducción: La ausencia de Filipinas en la transferencia global de capital
En el contexto de la continua transferencia de la inversión extranjera directa (IED) global hacia el Sudeste Asiático, el desempeño de Filipinas en términos de atractivo y mejora industrial es claramente inferior al de sus vecinos como Vietnam, Indonesia y Malasia. En 2023, la entrada de IED en la ASEAN alcanzó un récord histórico, pero la participación de Filipinas fue solo de aproximadamente el 4%, altamente concentrada en los servicios y la subcontratación de procesos del área metropolitana de Manila, mientras que la IED en el sector manufacturero se estancó. La raíz de esta desviación estructural no es simplemente un problema del entorno de inversión, sino la falta de una política industrial coherente y autónoma en el país, una capacidad estatal que ha sido constantemente debilitada por fuerzas externas y compromisos internos desde la década de 1950.
Legado histórico: La forja de la dependencia
La ausencia de una política industrial en Filipinas está profundamente arraigada en los períodos colonial y de la Guerra Fría. La Ley de Comercio Bell de 1946 otorgó a las empresas y ciudadanos estadounidenses "derechos de paridad" (parity rights), igualándolos al capital nacional en el acceso a los recursos naturales y al mercado filipino. Este arreglo institucional estableció esencialmente un orden económico neocolonial: Filipinas continuó exportando materias primas (azúcar, coco, productos minerales) mientras importaba productos manufacturados estadounidenses, y la industria manufacturera local fue suprimida en su etapa inicial.
El "Plan Dodge" de la década de 1950 fijó aún más la senda del conservadurismo fiscal. Este plan, liderado por Estados Unidos, se centró en el pago de la deuda y la austeridad fiscal, vetando cualquier posibilidad de inversión industrial a gran escala. Aunque el crecimiento económico de Filipinas fue líder en ese entonces (en la década de 1960, el Banco Mundial la llamó "el país más prometedor del Este Asiático"), este crecimiento se basó en el consumo y la exportación de productos primarios, no en una industrialización autónoma. Posteriormente, los préstamos de ajuste estructural del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial obligaron a Filipinas a abandonar la industrialización por sustitución de importaciones y a orientarse hacia la exportación y la privatización, marginando institucionalmente el nacionalismo como concepto de desarrollo.
Comparación con Asia Oriental: El nacionalismo como motor de la política industrial
Comparando las trayectorias de desarrollo de Corea del Sur, Vietnam y China, se observa que el nacionalismo no es una política aislada, sino una brújula estratégica de la política industrial. El gobierno surcoreano, mediante el apoyo a los chaebol (conglomerados), la implementación de proteccionismo y los incentivos selectivos a la exportación, integró el nacionalismo en la mejora industrial liderada por el Estado; Vietnam, con una diversificación de exportaciones guiada por el Estado, logró transformarse exitosamente de una economía agrícola a un centro manufacturero; China, a través del "Consenso de Pekín", enfatizó la innovación autónoma y el control de sectores estratégicos. Estos países transformaron el nacionalismo en competitividad, no en sentimiento xenófobo.
En contraste, en Filipinas, las instituciones externas (FMI, Banco Mundial), mediante el paradigma de "desarrollo a cambio de deuda", privaron al Estado del espacio para formular políticas industriales autónomas. El movimiento "Filipinas Primero" en la década de 1950 logró tasas de crecimiento industrial de dos dígitos, pero luego fue degradado por la geopolítica de la Guerra Fría y las instituciones (como la Autoridad de Ejecución de Proyectos, PIA). Para la década de 1970, el nacionalismo había sido completamente abandonado, girando hacia una senda neoliberal, lo que provocó una desindustrialización y una dependencia de las remesas y el consumo de importaciones.
Redefiniendo la política industrial moderna## Redefiniendo la política industrial moderna
La situación global actual ha cambiado fundamentalmente: fragmentación de las cadenas de suministro, competencia en tecnologías climáticas, transformación digital y agrupación geopolítica. Estas tendencias exigen que los gobiernos retomen un papel de coordinación estratégica. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) y el Foro Económico Mundial han vuelto a enfatizar la política industrial. Para Filipinas, la política industrial moderna debe tener tres dimensiones:
1. **Inversión fiscal en ciencia, tecnología e I+D**: La proporción actual de I+D respecto al PIB es muy inferior al promedio de la ASEAN (aprox. 0,3% frente al 1,1% de Tailandia), y es necesario avanzar hacia el objetivo del 1% recomendado por la UNESCO. 2. **Priorizar la construcción de cadenas de suministro locales**: En áreas como nuevas energías, economía digital y procesamiento agrícola, orientar la inversión extranjera a través de empresas estatales y financiamiento local para que sirva a la acumulación de capacidades internas, en lugar de una simple manufactura por contrato. 3. **Nacionalismo institucional**: No se trata de cerrar mercados, sino de utilizar la "soberanía nacional" como línea base en las negociaciones de inversión, garantizando la transferencia de tecnología y el empleo local.
Conclusión: Una opción de supervivencia
Bajo las tres presiones del cambio climático, la disrupción tecnológica y la fragmentación geopolítica, seguir dependiendo de las remesas y el sector servicios en Filipinas equivale a una apuesta de alto riesgo. La historia demuestra que sin política industrial no hay transformación estructural. Si continúa evadiendo la etiqueta de "nacionalismo", Filipinas difícilmente podrá salir del estancamiento en el nivel bajo. Una verdadera política industrial moderna debe convertir el orgullo nacional en diseño institucional, de modo que el capital internacional sirva a la competitividad nacional a largo plazo, y no al revés.